Óliver, implantado bilateral desde pequeño

de España

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Hipoacusia de nacimiento
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Óliver es el cuarto hijo de Verónica y Marcial, una pareja de Sevilla que ha formado una familia que ama la música, las artes escénicas, la pintura y cualquier actividad relacionada con el arte. Recibir la noticia de que su hijo padecía sordera bilateral profunda de nacimiento fue duro, pero enseguida buscaron soluciones para que Óliver pudiera volver a escuchar. Hoy Óliver está implantado bilateral y la familia se muestra orgullosa y satisfecha de su avance y evolución. Advierten de que el camino requiere tiempo y esfuerzo, pero saben que merece la pena.

Consejos de los padres de Óliver:

“Es importante señalar a otras familias que empiezan una aventura como la nuestra, que sean pacientes y templados, constantes y optimistas, no, únicamente, con su hijo o hija, sino con los demás miembros de la familia, y sobre todo, con la pareja.”

La historia de Óliver

Verónica y Marcial, los padres de Oliver comparten con Volver a Escuchar su historia. Nos cuentan que en 2015, eran un matrimonio de 37 y 41 años con 3 hijos. Marcial, de 15 años; Daniela de Lys, de 10 años; y Tristán, de 8 años. Fue entonces, cuando para cerrar su proyecto familiar decidieron tener su cuarto bebé, Óliver, que nació con pérdida auditiva.

Verónica, autónomo, está al frente de un pequeño negocio relacionado con la venta de artículos de semillería, mascotas, bazar y decoración. Marcial trabaja en una fábrica de productos fitosanitarios, y en sus ratos libres participa en proyectos musicales. Para la familia la música, las artes escénicas, la pintura y cualquier actividad relacionada con el arte son de vital importancia.

¿Cómo supisteis de la pérdida auditiva de Óliver?

En los últimos meses de gestación, Verónica tuvo complicaciones por hipertensión, pero el gran día del nacimiento llegó en noviembre de 2015 y todo fue bien. Comenzábamos una nueva aventura de amor, ilusiones, emociones y, como no, de cambios.

Al nacer, a Óliver le hicieron las pruebas auditivas en el hospital. Nos informaron de que Óliver no presentaba estímulos a las pruebas y nos dijeron que se las repetirían al mes. Los resultados negativos se volvieron a repetir a los dos meses y a los 4 meses. En ésta última prueba, nos confirmaron que Óliver era sordo. No lo podíamos creer…

¿Cómo afrontasteis la noticia y qué pasos tuvisteis que dar a continuación?

Óliver era un niño muy despierto, alegre y observador. ¡Ésa era la palabra que lo definía: Óliver, el observador! Cuando alguien llegaba a casa y se abría la puerta, Óliver miraba. Cuando nos acercábamos, él parecía escucharnos, pero las pruebas eran objetivas y concluyentes: Óliver padecía sordera bilateral profunda.

La noticia fue dura, no se puede negar, nos rompió el corazón… Ningún padre está preparado para que le digan que su hijo tiene un problema. Pero después del duro golpe, lo mejor es asimilarlo y buscar soluciones para que su desarrollo sea normal, lo más adaptado posible a la sociedad y, sobre todo, que crezca feliz.

Para nosotros, como padres, fue un apoyo muy grande haber vivido la misma experiencia con nuestro sobrino Adrián, que 16 años antes había nacido sordo, y tras ser implantado, su integración fue perfecta.

Además, tuvimos la suerte de contar con grandes profesionales en el Hospital Virgen Macarena de Sevilla, que supieron guiarnos en todo momento. Eso es fundamental para unos padres, tener un equipo médico en el que confiar.

Al ser una familia a la que le encanta la música, ¿podéis contarnos cómo lo vive Oliver?

En nuestra familia siempre hemos dado mucha importancia a la transmisión musical. Nos gusta escuchar y hacer música. Marcial, en sus ratos libres participa incluso en proyectos musicales. Pensar que Óliver no pudiera disfrutar de los placeres y beneficios de la música suponía una limitación de importancia, pero todavía nos preocupaba más pensar que Óliver estuviera más expuesto a peligros, en el día a día, por no tener una percepción real del mundo a través de los sonidos.

Con paciencia y serenidad fuimos superando esos miedos a medida que Óliver iba progresando y adaptándose a sus nuevos implantes. Poco a poco imitaba palabras, y además, imitaba la entonación de lo que escuchaba, y se convirtió en un imitador espectacular. En sus frases no sólo había palabras sueltas, sino que ¡había música!

Ahora estamos encantados y agradecidos a todos los que han formado y siguen formando parte de esta aventura: pediatras, otorrinos, programadores, cirujanos, logopedas, enfermeras, profesores, tutora, etc.

¿Qué consejos daríais a otras familias que se encuentren en el comienzo de este camino hacia la escucha?

Para ser sinceros, en nuestra experiencia, no todo han sido flores, también ha habido espinas. Por eso es importante señalar a otras familias que empiezan una aventura como la nuestra, que sean pacientes y templados, constantes y optimistas, no, únicamente, con su hijo o hija, sino con los demás miembros de la familia, y sobre todo, con la pareja.

A Óliver le hemos dedicado más tiempo para su progreso y desarrollo, tiempo que hemos tenido que administrar quitándolo de otros menesteres. A veces, ha sido agotador, pero a día de hoy, estamos muy orgullosos y satisfechos.

En sus primeros cuatro años de vida, todo ha sido vertiginoso, pero ahora podemos decir que somos mejores personas y vemos las cosas con una visión más amplia.

Una iniciativa de MED-EL

Volver a Escuchar

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