La pérdida de audición plantea un reto para la salud pública mundial



La discapacidad auditiva provoca una serie de desafíos de salud pública, que incluyen patologías crecientes y costosas, como deterioro cognitivo, diabetes tipo 2, caídas más frecuentes y aislamiento social, que tienen un costo económico y social significativo. De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que la pérdida auditiva no tratada plantea un costo global anual de 750 mil millones de dólares.

Para saber más sobre el tema, hemos extraído y traducido al español algunas ideas del artículo publicado por Frontiers en el que Patrick D’Haese, Director de Awareness y Asuntos Públicos en MED-EL, junto con el equipo de IC de UZA en Bélgica abordan este asunto.

Introducción

Más de 466 millones de personas alrededor del mundo vive con una hipoacusia discapacitante, lo que equivale al 6,1 % de la población mundial. A medida que la población mundial envejece, con la expectativa de que el grupo etario de más de 65 crezca de 534 millones en 2010 a casi 1500 millones en 2050, se espera que aumente la cantidad de personas que experimentan una hipoacusia, principalmente porque su causa más común en adultos es el proceso normal de envejecimiento. Se prevé que para 2050 más de 900 millones de personas padecerán una hipoacusia discapacitante, lo que conllevará una variedad de retos para la salud pública, inclusive un aumento de costosas comorbilidades, como deterioro cognitivo, diabetes de tipo 2, caídas más frecuentes y aislamiento social, lo cual supondrá un coste económico y social significativo. De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que la pérdida de la audición no tratada a cualquier edad representa un coste global anual de 750.000 millones de dólares.

La buena audición contribuye a la buena calidad de vida, y el acceso al tratamiento adecuado asegura que los ciudadanos puedan hacer una transición sin problemas a la edad avanzada, ayudándolos a vivir sus vidas lo más saludablemente posible: manteniéndose activos, conservando independencia y contribuyendo con la economía. Para lograr esto, se debe aumentar la concientización sobre tecnologías de la audición apropiadas que sean innovadoras y rentables, como los implantes cocleares (IC), para la pérdida de la audición grave o profunda; se las debe reconocer como un derecho humano y las barreras para adquirirlas deben aligerarse.

El foco en los retos de la salud pública

Para entender la gravedad de los retos que plantea la pérdida de la audición severa en una población en envejecimiento y la necesidad de un tratamiento apropiado, es importante explorar las costosas comorbilidades que están asociadas con la pérdida de la audición.

De acuerdo con la Comisión Lancet, la pérdida de la audición no tratada es el principal factor de riesgo modificable que contribuye a la demencia, ya que aumenta en un 9% el riesgo del individuo de desarrollarla. Esta tendencia prevalece desde la mediana edad hasta la edad avanzada, incluso con niveles leves de pérdida de la audición. Una explicación es que la pérdida de la audición no tratada aumenta la necesidad de recursos cognitivos del cerebro para convertir sonido en información. Esto agota la reserva cognitiva disponible para procesos como la memoria de trabajo. La mayoría de los pacientes con demencia necesitan exhaustivos cuidados y apoyo con las actividades diarias más básicas, lo que conduce a una importante carga económica y social.

La pérdida de la audición tiene un efecto sobre la salud mental del individuo y también está vinculada con la aparición de la depresión. Las situaciones sociales se vuelven más desafiantes por la inhibición en la comunicación, y esto lleva al retraimiento social y al aislamiento. Esto puede contribuir más al deterioro cognitivo al privar al cerebro de la estimulación que obtiene de las interacciones sociales. El deterioro cognitivo y el aislamiento social como resultado de la pérdida de la audición no tratada conducen al aumento en la hospitalización y a una autoevaluación de la salud más deficiente en individuos de más de 70 años.

Finalmente, la pérdida de la audición obstaculiza el tratamiento y el manejo de la diabetes, ya que impacta en la educación sobre diabetes por el entorpecimiento en la comunicación entre médico y paciente, lo que dificulta al paciente el manejo propio de la enfermedad.

Considerando las comorbilidades antes mencionadas y el hecho de que la pérdida de la audición no tratada también está relacionada con caídas más frecuentes por la reducción del equilibrio y la restricción en la percepción del entorno, podemos empezar a ver cómo la pérdida de la audición puede acelerar el deterioro de la salud de un individuo y el paso a la vida en centros tutelados. Desafortunadamente, esto puede privar a las personas del disfrute de sus años dorados, reducir la independencia y, frecuentemente, implicar un costo financiero significativo. Esto convierte a la pérdida de la audición en un reto significativo de la salud pública.

Los beneficios de la implantación coclear y las barreras al acceso

La implantación coclear se ha convertido en un tratamiento estándar para adultos y niños con pérdida de la audición bilateral de grave a profunda, cuando los audífonos potentes ya no ofrecen suficientes beneficios funcionales para la comprensión del habla. Numerosos estudios científicos han demostrado que los implantes auditivos afectan muchos factores de manera positiva. Los adultos mayores experimentan una comprensión del habla mejorada, aumento en el contacto social, mayor autoestima y una mejora general en la calidad de vida después de la implantación. Múltiples estudios han demostrado que el tratamiento efectivo de la pérdida de la audición puede reducir o incluso anular el riesgo aumentado de deterioro mental, y que los individuos que reciben tratamiento durante un período prolongado no tienen riesgo aumentado de desarrollar depresión. Se ha demostrado que los implantes cocleares son altamente rentables, con bajas tasas de complicaciones y, en las economías más desarrolladas, los programas de salud nacionales, los seguros laborales y los sistemas de salud privados proporcionan la financiación.

No obstante, desde diciembre de 2012, se informó que solo una parte de aquellos que podían beneficiarse con un implante coclear, habían recibido uno: solo 324.200 personas en todo el mundo. En todas las regiones, menos del 10% de las personas con pérdida de audición de grave a profunda fueron implantadas, con estadísticas alarmantes de ~1% en Japón para adultos y niños, y 0,3% en Australia para el grupo etario de 65 a 74 años. En cambio, para los audífonos, la estadística promedio para el uso en el rango de grave a profunda permanece entre el 70 y el 90%. Esto llevó a los investigadores a explorar por qué la aceptación de los IC es tan baja a pesar de sus beneficios, y la falta de concientización fue identificada como un tema clave que debe ser abordado.

Primero, la baja aceptación de los IC se debe, en parte, a la poca cantidad de candidatos aptos que se presentan para evaluación. La gente debe ser suficientemente motivada a buscar ayuda para su pérdida de la audición y, generalmente, solo lo hacen cuando se preocupan los suficiente por la gravedad o entienden que el tratamiento para el equilibrio es más beneficioso que perjudicial. Con la población más mayor específicamente, esto puede significar una barrera, ya que la pérdida de la audición puede ser considerada una consecuencia natural de la edad avanzada, tanto por el paciente como por los profesionales. Las inquietudes relacionadas con la cirugía, la pérdida de audición residual y la rehabilitación pueden ser barreras adicionales para que los adultos decidan ser referidos para una evaluación de IC.

También existe una diferencia entre aquellos que son aptos para un IC y aquellos que lo reciben, en función del abordaje al cuidado de la audición en diferentes países. Por ejemplo, en el Reino Unido, el primer punto de acceso para el cuidado de la audición es el médico generalista (MG) (83%), sin embargo, en Alemania, es un especialista otorrinolaringólogo (ORL) (93%). Se determinó que el manejo del MG para la discapacidad auditiva era una barrera para buscar ayuda en esta área.

Más aún, estudios revelan que existe una falta de conocimiento respecto de si la implantación coclear es una opción para la población mayor, a pesar del hecho de que la tasa de complicaciones quirúrgicas es baja incluso en los adultos mayores, si el estado de salud general del paciente es bueno. Esto evita que candidatos aptos busquen un tratamiento apropiado y que potencialmente puede cambiarles la vida.

Finalmente, un tema que va más allá de la concientización y que no puede excluirse es el del pago. Existen inequidades globales entre los países con ingresos altos, medios y bajos en términos de cómo se financian y reembolsan los implantes cocleares. El costo de los implantes cocleares no debe ser una barrera para recibir el tratamiento, y quienes formulan políticas deben reconocer la salud auditiva como un derecho humano.

Conclusión

Para concluir, la pérdida de la audición conlleva una carga económica y social pesada, la cual se espera que aumente a medida que la población mundial envejece. La pérdida de la audición tiene un efecto negativo probado en la salud general del individuo. Si no proporcionamos acceso al tratamiento adecuado, comorbilidades costosas como el deterioro mental, la depresión y el manejo incorrecto de la diabetes continuarán privando a la población mayor de experimentar el potencial de sus años dorados, al tiempo que la sociedad acarrea un enorme costo financiero. La implantación coclear es una solución rentable para aliviar la presión de la pérdida de la audición sobre los individuos y los sistemas de salud mundiales, y es apropiada incluso para adultos mayores, con tasas de complicaciones quirúrgicas bajas. No obstante, la concientización entre pacientes y profesionales sobre la implantación coclear sigue siendo una barrera al acceso clave para potenciales candidatos, con tasas de penetración alarmantemente bajas. La pérdida de la audición no debe ser considerada una parte natural del envejecimiento sin solución. Para alcanzar todos los beneficios de la implantación coclear, se debe aumentar la concientización sobre IC entre pacientes y profesionales, y quienes formulan políticas, para que el reembolso equitativo esté disponible en todo el mundo.

Para acceder al artículo original y a las fuentes, consulta Frontiersin.org

Comparte este contenido